Pacto

Se ajustó y colocó el casco sobre la cabeza con ritualidad y automático gesto.
Luego hizo lo propio con las gafas, los guantes, el protector de espalda y el resto de parafernalia. Olió el aire, sintió la brisa, sintió cómo se le erizaba el vello al arrancar  el motor de su antigua BMW.

Con el ronco sonido del motor boxer de fondo pensó que la vida no estaba tan mal, aunque casi todo lo que le habían contado desde pequeño había sido una gran mentira. Hizo todo lo que se suponía que debía hacer, todo lo que los demás esperaban de él: calmado niño, buen estudiante, trabajador sin réplica ¿Para qué?

Había llegado a la mitad de su vida solo para darse cuenta de que el éxito, la carrera profesional, y el haber vivido durante años una vida que no le era propia, casi habían acabado con él.

Se sentía arrastrado al peor de los vacíos, al único vacío sobre el cual uno no puede saltar, pues nadie ha conseguido arrojarse al hueco de su propio vacío interior.

Y allí, sentado sobre su montura, comprendió que solo existe un único pacto a cumplir con el Universo… no morir sin antes haber vivido, no vivir sin haber sido uno mismo.

No sería él quien incumpliera su parte del contrato, se dijo mientras giraba el puño acelerando.