Paul Tibbets arrepentido

Me llamo Paul Tibbets.

Cuando pronuncio mi nombre a casi nadie le suena de nada, y es mejor así, pues soy el asesino en serie más importante de toda la historia.

Nadie jamás debería poder perdonarme por lo que hice, y si verdad que existe un juicio final en el que todos somos juzgados por nuestras acciones, espero que el abogado que actúe en mi defensa sea uno torpe, de oficio, incapaz de encontrar ningún atenuante con el que mitigar mi condena.

Quiero pagar por mis pecados y acabar pudriéndome en el infierno. Solo eso hace que mi vida aún tenga sentido.

Me llamo Paul Tibbets… recuerda a partir de ahora siempre mi nombre.

Fui yo quien pilotó el bombardero Enola Gay hacia Hiroshima la mañana del seis de agosto de 1945.

Eran exactamente las ocho y cuarto de la mañana cuando lanzamos la bomba. Al menos cien mil personas murieron en el acto como consecuencia directa de la explosión. Nadie sabe con certeza cuántas murieron antes de las Navidades de ese mismo año. Nadie se pone de acuerdo en cómo calcular el total de víctimas mortales, si es que el cómputo puede aún detenerse…

Me llamo Paul Tibetts y hoy, pido perdón a la Humanidad.

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 Nota: Paul Tibbets nunca se arrepintió de haber lanzado la bomba atómica sobre Hiroshima. En 1976  participó en un espectáculo aéreo que recreó en Texas el lanzamiento de la bomba atómica. Estados Unidos tuvo que pedir disculpas formales a Japón por el bochornoso espectáculo. Tibbets siempre aseguró que si hubiera podido volver atrás, hubiera hecho lo mismo una y mil veces.
Aunque es muy difícil juzgar a alguien fuera del contexto histórico en el que le toca vivir, yo siempre pensé que debería haberse arrepentido. Tibbets murió con 92 años así que parece que, después de todo, si existe Dios, éste no se lo tuvo muy en cuenta.